Domingo de Ramos: El Triunfo de la Paz en Sanlúcar
La Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Paz en su Triunfal Entrada en Jerusalén, Santísimo Cristo del Perdón, Nuestra Señora de la Victoria y San Miguel Arcángel, conocida popularmente como La Borriquita, es la encargada de abrir los desfiles procesionales de la Semana Santa sanluqueña cada Domingo de Ramos. Su presencia en las calles supone el estallido de la primavera cofrade en la ciudad, llenando de palmas y alegría el recorrido que separa la Parroquia de San Miguel del centro histórico. La hermandad ha sabido mantener un equilibrio perfecto entre la algarabía infantil que caracteriza a este misterio y el rigor de una institución con décadas de historia y un patrimonio en constante enriquecimiento.
La fundación de la hermandad se remonta a mediados del siglo XX, fruto del deseo de un grupo de devotos de representar el pasaje evangélico de la entrada de Jesús en la Ciudad Santa a lomos de una pollina. Desde sus inicios, la corporación se asentó en el popular barrio de San Miguel, estableciendo un vínculo indisoluble con sus vecinos. A lo largo de los años, La Borriquita ha crecido no solo en número de hermanos, sino también en la profundidad de sus cultos y en la calidad de su estación de penitencia, convirtiéndose en una referencia imprescindible para entender la fisionomía del Domingo de Ramos en la desembocadura del Guadalquivir.
Imaginería y Patrimonio: Un Legado de Victoria
El misterio de la Entrada Triunfal está presidido por la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Paz, una talla que irradia serenidad y mansedumbre. La escena se completa con diversas figuras secundarias que aportan dinamismo y realismo al pasaje, como niños que aclaman al Señor y hebreos que extienden sus mantos. El paso de misterio, de estilo neobarroco, es una obra de gran factura donde el dorado y la talla se funden para crear un altar itinerante de gran impacto visual. El caminar de este paso, acompañado por los sones de una agrupación musical, es uno de los momentos más esperados por los sanluqueños, especialmente por los más pequeños que portan sus palmas rizadas con orgullo.
Por su parte, Nuestra Señora de la Victoria procesiona bajo un palio de gran elegancia. La imagen de la Virgen, de una belleza idealizada y dulce, representa el triunfo de la Vida sobre la Muerte, coherente con la advocación que ostenta. El palio es un conjunto donde el bordado y la orfebrería compiten en exquisitez, reflejando el esfuerzo de generaciones de hermanos por dar a su titular el mejor de los marcos posibles. La Victoria es, para muchos, la "Reina del Domingo de Ramos", y su discurrir por las estrechas calles del Barrio Alto es una estampa de una plasticidad y un fervor religioso encomiables.
La Hermandad en el Siglo XXI: Entre la Tradición y la Renovación
En las últimas décadas, la Hermandad de la Borriquita ha acometido importantes proyectos de restauración y ampliación de su patrimonio. La conservación de sus imágenes titulares ha sido una prioridad, confiando estas tareas a expertos restauradores que han sabido mantener la impronta original de las tallas. Asimismo, el bordado del palio ha seguido avanzando, con diseños que respetan la estética clásica de la cofradía pero incorporan elementos innovadores. Esta vitalidad patrimonial es el reflejo de una hermandad viva, que sabe que el arte es un vehículo fundamental para la evangelización y para acercar el Misterio de la Pasión al pueblo.
Pero más allá de lo material, la hermandad destaca por su intensa vida interna. Durante todo el año, se celebran cultos en honor a los titulares que congregan a numerosos fieles en la Parroquia de San Miguel. El Quinario al Cristo de la Paz y el Triduo a la Virgen de la Victoria son momentos de intensa oración y convivencia. Además, el Grupo Joven de la cofradía realiza una labor fundamental de formación, asegurando el relevo generacional y manteniendo viva la llama de la devoción entre los hermanos más jóvenes, que son, sin duda, el mayor tesoro de esta corporación.
Compromiso Social y Caridad Cristiana
Fiel a su mandato evangélico, La Borriquita desarrolla una importante labor social en el barrio de San Miguel y en toda Sanlúcar. A través de su bolsa de caridad, la hermandad presta asistencia a familias en situación de vulnerabilidad, colaborando con Cáritas Parroquial y otras instituciones benéficas. Este compromiso social es una parte esencial de la identidad de la hermandad, entendiendo que el seguimiento de Cristo de la Paz exige una respuesta concreta ante el sufrimiento de los hermanos más necesitados. La caridad no es solo un acto puntual, sino el eje vertebrador de la vida diaria de la cofradía.
La hermandad también se involucra en la vida cultural de la ciudad, organizando conferencias, conciertos y certámenes que enriquecen el panorama social de Sanlúcar. Esta apertura a la sociedad permite que la corporación sea vista no como un grupo cerrado, sino como una institución abierta y participativa que contribuye al bien común. La Borriquita es, en definitiva, un motor de dinamismo para el barrio de San Miguel, uniendo tradición, fe y solidaridad en una misión compartida por todos sus hermanos.
El Domingo de Ramos: Una Jornada de Ilusión Compartida
El Domingo de Ramos en Sanlúcar es un día que no se puede explicar sin La Borriquita. Desde tempranas horas de la mañana, el barrio de San Miguel es un hervidero de actividad, con nazarenos ajustándose sus túnicas blancas y niños preparando sus palmas. La salida de la cofradía es un momento mágico, donde el incienso se mezcla con la brisa marina y los primeros sones musicales anuncian que la Pasión ha comenzado. El paso de la cofradía por la Carrera Oficial y su regreso al barrio, ya en la oscuridad de la noche, son momentos cargados de emoción y recogimiento.
La estación de penitencia es el acto de culto externo más importante de la hermandad, una oportunidad para dar público testimonio de fe. Cada detalle, desde el exorno floral hasta el orden del cortejo, se cuida con esmero para que el mensaje de la Entrada de Jesús en Jerusalén llegue a todos los corazones. La Borriquita enseña que el camino hacia la Pascua comienza con alegría, pero sin olvidar el sacrificio que Cristo aceptó por la humanidad. Es una lección de humildad y esperanza que se renueva cada año cuando la cruz de guía asoma por el dintel de la parroquia.



